Si todos fueramos un poco más como Stephen Hawking.
Stephen William Hawking, como lo conocen en su casa, nació un 8 de Enero de 1942 en Oxford, UK. Su infancia y adolecencia vivió como cualquier otro escuincle de esa época, entre guerra y hambre, aún así, en 1959, comenzó sus estudios en física con una beca que le otorgó la universidad de esta ciudad y pasó a convertirse en un Lic. como muchos de mis queridos lectores.
Entrado el año de 1963, un año después de haber conseguido la licenciatura en física, pasó varios días haciendose estudios en un hospital, le detectaron la enfermedad de Lou Gehrig, o lo que es lo mismo Esclerosis Lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular por la cual unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal, o lo que se traduce al castellano como “se lo iba a cargar la flaca”.
A pesar de los malos pronósticos que lo acechaban, el escribió:
“Aunque había una nube sobre mi futuro, descubrí para mi sorpresa que estaba disfrutando la vida en el presente más de lo que lo había hecho antes. Empecé a avanzar en mi investigación”
Finalmente terminó su doctorado apesar de que los médicos le otorgaban pocos años de vida, llegando incluso al punto de tener hoy en día una variedad extensa de doctorados honoris causa, las chicas lo acosan, los niños quieren seguir su ejemplo, los viejos lo admiran… o al menos así debería ser.
Stephen Hawking, este gran físico, cosmólogo y divulgador ciantífico venció una de las barreras más grandes que tiene el hombre, logró ver más allá de la muerte y se dejó llevar por la vida, la conciencia de que en algún momento moriría lo llevó a hacer algo por el ser humano y sobre todo por él, a investigar un poco más lo que nos rodea, se dedicó a darle contenido a una vida que según un “experto” estaba condenada.
Esta conciencia de que la muerte es parte importante de nuestra vida lo llevó a lugares que inclusive yo y muy probablemente tú aún no hemos llegado, no dejó que su “discapacidad” física se integrara con sus discapacidades mentales y sociales.

Convirtió 49 años de malos pronósticos físicos en una vida de éxitos mentales, se casó, se divorció, voló (como lo demuestra la imagen de arriba), salió en los simpson, vendió miles y miles de libros, entendió el universo, escribió otro libro, teorizó acerca del universo un poco más, fué y se sintió una persona capaz de observar y entender su entorno… Y podría seguir y seguir describiendo la obra y vida de uno de los mejores ejemplos que tenemos de que para hacer algo hay que hacerlo.
Yo no creo que el señor hawking tenga una bebida mágica que lo mantenga despierto las 24 hrs al día, ni creo que tenga una vara dolorosa que lo obligue a escribir sus teorías, ni creo que le de miedo que lo tachen de reaccionario o loco, más bien creo que lo único que lo impulsa es la felicidad. Nosotros carecemos (o al menos muchos) de “discapacidades” físicas que nos hagan buscar la felicidad y trascendencia, pero tenemos una lista interminable de discapacidades mentales, sociales, artisticas que podrían ayudarnos.
Si tan sólo todos tuvieramos un poco de ese mal que hace tanto bien, llamese como se llame, yo le digo el bien de Stephen Hawking.
“No soy religioso en el sentido normal de la palabra. Creo que el Universo está gobernado por las leyes de la ciencia. Esas leyes pudieron haber sido creadas por Dios; pero Dios no interviene para romper las leyes.”

muy bien mi wadita, buenos ejemplos de vida mi carnal
saludos
el potro